viernes, 23 de agosto de 2019

El túnel

Publicada en 1948, El túnel es la primera de las tres novelas que componen la breve y densa obra literaria del escritor argentino Ernesto Sábato, uno de los más destacados narradores que dio a conocer el llamado Boom de la literatura hispanoamericana en los años 60 del pasado siglo.

Ernesto Sábato
El protagonista de El túnel es un pintor llamado Juan Pablo Castel. También él es el narrador de la novela, y, lejos de ocultar el desenlace de su torturada historia de amor, inicia el libro con estas palabras: "Bastará decir que soy Juan Pablo Castel, el pintor que mató a María Iribarne". La novela toma pues la forma de confesión de un crimen que ya ha sido cometido, y es contado por el narrador con "la débil esperanza de que alguna persona llegue a entenderme".
La acción arranca en 1946, en Buenos Aires: en una exposición de sus cuadros, Juan Pablo Castel advierte que una mujer, María Iribarne, contempla con atención una escena marginal de una de sus telas; ante esa misma escena pasan decenas de personas sin sentirse particularmente atraídas, pese a que el pintor la considera cargada de significado.
Estimulado por la receptividad de la joven, el pintor decide hacerla suya; pero, en su relación con ella, Castel se tiende a sí mismo numerosas trampas. Da la impresión de que el pintor quisiera, por una parte, obtener una comunicación incomparablemente estrecha con su amada, mientras que, por otra, él mismo se retrae y se oculta por miedo a ser sorprendido por una mujer que, tal vez, no desea entregarse por entero.
Precisamente es el ansia de comunicación, unida al temor de verse sorprendido unilateralmente en su intimidad, lo que desencadena en Juan Pablo Castel una torturante especulación acerca de la lealtad de María. Las dudas del pintor se ven exacerbadas al conocer que la mujer convive y está casada con un ciego llamado Allende (se anuncia aquí uno de los temas fundamentales de la novelística de Sábato) y que frecuenta una estancia en el campo en compañía de otro hombre llamado Huntler, al parecer primo suyo.

El cineasta español Antonio Drove dirigió una de 
las versiones cinematográficas de la novela (1987)
La dudosa fidelidad de María va agriando progresivamente la relación; Castel llega a amenazarla de muerte, empieza a beber y ha de suplicarle perdón. Finalmente es invitado a la estancia, conoce a Huntler y cree ver confirmada la relación entre Huntler y María; de modo que, a la postre, el atormentado Castel se ve impelido a asesinar a María, siendo, por ello, recluido en un manicomio.
Para no pocos críticos Juan Pablo Castel representa, en efecto, uno de los casos de neurosis mejor descritos en la literatura de ficción. Pero, más allá de esta descripción, lo que el autor busca es formular por primera vez algunos elementos centrales de su cosmovisión cuyo desarrollo se consumará en las siguientes novelas, Sobre héroes y tumbas (1961) y Abaddón el exterminador (1974).
Estos temas serían, fundamentalmente, el de la tenebrosa profundidad del mundo y del hombre y el del ansia irreductible y nunca plenamente lograda de comunicación con el otro. Y ambos, conectados entre sí mediante la metáfora del túnel, remiten a una culpabilidad de cuño existencial, trabada íntimamente con el fracaso: la del hombre que no sabe o no puede dejar de construir túneles que le aíslan de los demás; la del hombre que no sabe o no se atreve a recorrer los túneles que le conducen al interior de sí mismo. Esta tarea subterránea será, en adelante, encomendada a otros personajes de las ulteriores novelas de Sábato, quien, de este modo, renuncia a la pasiva tranquilidad del manicomio en que se abisma Castel.

jueves, 8 de agosto de 2019

Literatura de terror. Grandes autores y problemáticas del género.

     Luego de un mes, nos volvemos a encontrar; y aunque en este encuentro prometo no extenderme tanto como en el primero, intentaré plasmar ciertas convicciones igual de interesantes e informativas.
En este choque de ideas, nos adentraremos en la profundidad de la literatura de terror argentina.
     Aunque éste es un género que puja cada vez más, y más fuerte, el público en general se resiste, y suele ser escasa la cantidad de lectores que lo frecuentan.
     En mis pensamientos aparece el designio de que esto se debe a que los usuarios argentinos, nos encontramos (todos) sesgados por la creencia de que la literatura extranjera, es mejor que la nacional; sobre todo cuando nos encontramos con referentes como Bram Stoker, Edgar Allan Poe, H. P. Lovecraft, Mary Shelley, Stephen King, etc.

Bram Stoker. Irlandés. 1847-1912.

Edgar Allan Poe. Estadounidense. 1809-1849.

H. P. Lovecraft. Estadounidense. 1890-1937.

     La narrativa argentina tiene una fuerte tradición heredada de escritores como Borges y Cortázar, quienes escribieron cuentos afines a lo fantástico muy cercanos al horror. Seguramente porque fueron lectores de Edgar Allan Poe, H. P. Lovecraft y el rioplatense Horacio Quiroga, que es un puntual del género. Esa herencia (o carga, pues la mochila es muy grande para los nuevos autores), es lo que diferencia a los narradores argentinos de los demás.
     Uno de los pioneros nacional del género fue por ejemplo Juan Jacobo Bajarlía, quien en 1992, con su célebre obra “Drácula, el vampirismo y Bram Stoker”, analiza la triada vampiro-Stoker-vampirismo como los tres lados del mismo rostro de una bestia diabólica.
     También es de suma importancia mencionar a Norberto Luis Romero, oriundo de Lanús, quien en 2002 lanzó a la venta la obra que más seguidores le dio, “Isla de sirenas”. Aunque este autor se especializa en literatura fantástica, fue considerado como “raro”, ya que a la hora de escribir, le da a sus historias y a sus personajes una distinción oscura donde parece que el aire se vuelve pesado y es cada vez más difícil respirar; aunque las tramas rebalsadas de suspenso, y con cierta connotación de terror, logran que el escaparse de la historia sea algo imposible.
     Pero hay nuevos autores argentinos que ayudar a expansionar este género en crecimiento, como por ejemplo Mariana Enríquez, Juan Terranova Y Mauro Crochet.


Mariana Enríquez. Argentina. 1962-

Juan Terranova. Argentino. 1975-

Mauro Croche. Argentino. 1978-
     Es importante mencionar que uno de los grandes impedimentos para que este subgénero continúe desarrollándose, son las editoriales. Éstas se encuentran soslayadas por cánones elitistas de las grandes academias, donde piensan que lo local jamás superará a lo internacional; además se sabe que es muy difícil asustar, pero desde las letras… es un trabajo todavía más arduo.
      Además, cabe mencionar que a lo largo de la historia argentina, no muchos escritores se animaron a perpetrar en este mundo escribiendo este tipo de obras. Por esto, también se debe la escasa cantidad de editoriales que encontramos con ánimos de publicar estos libros.
     Si bien en los últimos años, varias pequeñas editoriales están cortando con esta barrera despectiva hacia el género, se encuentran surgiendo diversos nuevos autores emergentes, independientes y hasta algunos autogestivos, que se están abocando al terror.
     Por consiguiente, es una preciada mención destacar que es incondicional el apoyo que los lectores le brindan a estos nuevos autores, ya que le demuestran que la literatura convencional se encuentra en plena metamorfosis, y que la contemporaneidad de géneros de horror, se encuentra en plena progresión, y que llegó para quedarse.




Palmieri, Laura Cecilia.